Estimados todos:
Un nuevo reporte de este servidor desde el Lejano Oriente. Y la verdá que está lejos, eh? Ahora estamos en suelo tailandés, más precisamente en Phuket, un balneario situado a 700 kms al sur de Bangkok –y a unos 16000 de Montevideo-, capital de esta monarquía constitucional, la cual ha sufrido en los últimos tiempos enfrentamientos entre bandos reformistas tendientes a una república y grupos pro-monárquicos, sobre todo desde la aprobación de la última constitución, a mediados de 2007. A pesar de ser un destino preferido por turistas de todas partes del mundo, Tailandia acusa un desarrollo algo menor que muchos de sus vecinos del sudeste asiático, particularmente en comparación con Malasia y Singapur, y esto puede deberse en parte por la inestabilidad política a la cual ha sido sometida desde tiempos remotos. De todas formas, no hemos estado en Camboya y Laos, pero por lo que hemos leído y lo que nos han contado, Tailandia está “como en el medio” en términos de desarrollo.
Si de comparaciones se trata, Phuket es más parecida a Bali en cuanto a forma de trato de la gente y las calles y casas, aunque se nota una occidentalización mayor en la primera, esta isla que es a la vez provincia del sur de Tailandia, con costas sobre el Mar de Andaman, muy hermosas por cierto. Para hacerlo más gráfico, Phuket es como Florianópolis y la Isla de Santa Catarina, en el sur de Brasil: está separada del continente por un puente, y la capital y los balnearios más importantes están situados en la isla, no en el continente. Nosotros hemos fijado nuestra estadía en Patong Beach, epicentro de la noche en la isla. Y cuando hablo de noche quiero decir no solamente lugares para bailar o para tomar algo: el tema de la prostitución es imponente!!! Lo más bravo es tratar de distinguir mujeres de hombres: es casi imposible! Bueno, hay una forma de hacerlo, aunque puede ser demasiado tarde…
Merecen mención también los destinos visitados anteriormente: Kuala Lumpur y Singapur, en los cuales estuvimos apenas 4 días entre los dos. Kuala Lumpur, ciudad cosmopolita aunque con un marcado perfil musulmán dado la oficialidad de esta religión en Malasia, tiene más de más de 7 millones de habitantes, dispersos sobre el valle Klang en numerosos edificios que se logran divisar una vez en la KL Tower, torre de telecomunicaciones y observador de importancia -es el tercero en altura a nivel mundial. Particularmente fui con una idea de Kuala Lumpur diferente a la que encontré en realidad: si bien en constante expansión (así lo muestran las numerosas obras de alto nivel que se están realizando allí), no llega al nivel de primer mundo que Singapur tiene. Aunque, justo es decirlo, la KL Tower y las Torres Petronas junto al complejo comercial que está debajo de las mismas, es imponente.
Singapur: también muy cosmopolita, pero con predominancia de chinos sobre otras nacionalidades, es una de las pocas ciudades-estado que quedan en el mundo. En un territorio del tamaño poco más grande que el departamento de Montevideo, viven 5 millones de singapurenses que se entremezclan con extranjeros de distintas nacionalidades que se ganan la vida trabajando en distintos ámbitos, ya sea negocios, comunicaciones, construcción, etc. A pesar de su tamaño, Singapur ofrece variedad de lugares para visitar y de cosas para hacer, tanto de día como de noche. Nos hemos quedado con las ganas de visitar la “rueda gigante más gigante del mundo”, la Singapore Flyer, desde donde se puede divisar los puntos más importantes de esta “ciudad-departamento-país”(incluso nos han comentado que se usa durante el GP de Singapur de Fórmula 1 para que periodistas especializados de todas partes del mundo vean la competición desde un punto estratégico). De todas formas, hemos visitado otras de las atracciones disponibles para el turista con tiempos acotados:: el Zoo junto con el Safari Nocturno y la isla Sentosa, punto más al sur del Asia continental se destacan fuertemente. Lo que además hace más amistoso el desplazamiento que es caro para nosotros, es el Metro de Singapur: rápido, cómodo y eficiente, ofrece vagones en todas las líneas con capacidad para 300 pasajeros sentados (en horas pico el sistema transporta miles y miles de personas , no es broma!) y es accesible: el boleto al igual que en los buses y metro liviano se paga por distancia, con la ayuda de máquinas expendedoras en las cuales uno señala origen y destino del viaje dentro de la red y calcula el precio automáticamente. Por cada viaje simple, se abona SGD 1 (más o menos 20 péi) por la emisión de la tarjeta, que se devuelven íntegros una vez retornada la tarjeta a cualquier máquina expendedora. Estaría muy bueno que en Montevideo aunque sea funcionen las tarjetas magnéticas del STM… “algo es algo”…
Esto es todo por ahora… Una vez en suelo vietnamita, próximo destino de este viaje, continuaremos en contacto… salú!
domingo, 31 de mayo de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario