Nuevamente en camino, retornando por primera vez a un lugar: Bangkok, capital de Tailandia. Esta vez voy a hacer un racconto de las cosas vividas hasta ahora en nuestra pasada por Vietnam, país que tanto por su gente como por sus bellezas naturales nos ha cautivado.
Comidas: el viaje no es solo ir de un punto a otro, digamos. Hay otras cosas para disfrutar, y una de ellas, esencial para poder continuar, es el alimento, el morfe, la comida… no sé, pónganle el nombre que quieran. Digamos que hasta Phuket tanto Tabaré y Valeria como quien les escribe estábamos asustados con el alimento que, si bien tentador en algunos casos, llegaba a hacernos fruncir la cara cuando probábamos bocado (en este sentido, los que me conocen saben que yo le entro a casi cualquier cosa, pero realmente no siempre era aconsejable hacerlo!). Pero me hice de una frase que Antonio, padre de los hermanos Da Rocha me dijo una vez:”para aprender a comer, tenés que saborear y disfrutar platos agridulces”. Y tenía razón: hasta que no saboreás este tipo de comidas no podés hacerte una idea de un montón de cosas, tales como por que emplean las recetas, o si el clima juega un rol importante en la dieta de millones de personas, o si hay influencias de tal o cual… no sé, son miles de cosas que se entremezclan, ¿no les parece?
Sensaciones: calentura cuando nos estafaron unos caretas al llegar a Hanói, fascinación con lo nuevo y novedoso que nos ofrecía Hanói, nostalgia al pasar por una panadería y sentir el olor a pan calentito… hmmm!; alegría cuando en cualquier lugar, en el pueblo más remoto o en la ciudad más cosmopolita, la gente ofrece ayuda con una sonrisa, algo que tanto cuesta a veces lograr en nuestras sociedades occidentales y acá es tan simple…
Sorpresa y decaimiento de la misma: a lo largo del viaje hemos vivido experiencias inolvidables, atadas muchas veces a los lugares que hemos visitado. Pero algo que estoy descubriendo ahora es el hecho de que no todo lo que uno conoce lo sorprende, más aún cuando alguien ya vio conoció algo parecido. Nos ha pasado con los zoológicos, con las pagodas, con las mezquitas, con las iglesias, con las cuevas y los paseos en río, y seguramente esto siga pasando en el futuro. Este es un claro símbolo de cómo te puede condicionar el viaje el hecho de empezar en lugares distintos…
Perspectiva del viajero: desde que salí de Montevideo he tenido la precaución de observar la cotidianeidad desde un ángulo diferente, y esa es la gran diferencia entre el que está de paso y el que no. Realmente los viajeros somos simples monitores de la rutina; ese segundo de intercambio de miradas con un local, o esa pregunta de orientación necesaria para continuar en el camino son ejemplos claros de ello.
Monedas: tema interesante y escabroso al mismo tiempo. Al principio, tener el tipo de cambio claro entre la moneda de cada país y la divisa utilizada (sea Euros o Dólares EEUU) es clave, pero claro que no es lo único: saber si en las casas de cambio –que en algunos lugares pueden abundar y en otros simplemente no existir– cobran alguna “cometa” por los servicios prestados, además de no confundir billetes al pagar y saber qué monedas son válidas en otros países (por si uno se queda con un “clavo” al salir de un país) tienen que estar en la libreta de recomendaciones y cosas a tener en cuenta de cada viajero. Si tienen alguna duda, pregúntenme que les cuento con detalles, jejeje…
jueves, 18 de junio de 2009
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